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El lenguaje de la creación poética Bruno Rosario Candelier Profesor Asociado (Pensionado) de la PUCMM. Licenciado en Educación de la PUCMMM y tiene un Doctorado en Filología Hispánica de la Universidad Complutense de Madrid. Miembro del Número de la Academia Dominicana de la Lengua y Miembro Correspondiente de la Real Academia Española y de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Ha publicado numerosos libros y es un promotor de las letras dominicanas.
Lenguaje, creación y poesía La relación entre la palabra y la cosa es arbitraria, como estableció Ferdinand De Saussure, pero al fijarse en el lenguaje es ya una convención que aceptamos sin discusión1. La lengua no sólo codifica el instrumento de comunicación, que son las palabras con las relaciones y ordenaciones entre los vocablos, sino que también establece su sentido. Las cosas existen, están ahí independientemente de nuestra percepción o de nuestra opinión, pero sin el código del lenguaje articulado, sin la intervención de la palabra que las nombra, sin la significación que les atribuimos, permanecen indiferentes a la mirada de los hombres, como los mundos que desconocemos o las realidades que ignoramos. Por el lenguaje, la realidad adquiere una posición y una interpretación en el proceso de la relación y la significación entre el ser humano y el Cosmos. La palabra se inventó para nombrar, es decir, para identificar y distinguir una cosa de otra. Al designar la cosa, la palabra identifica, clasifica, distingue, ampara y enaltece el objeto en el vocablo. Desde luego, la cosa existe con independencia del vocablo, pero sólo es por la palabra, que la nombra, define y configura. Hasta cierto punto, la palabra privilegia la cosa, dándole el estatuto de identidad verbal, lo que no es poco. El mismo Dios se hizo Verbo entre nosotros. “En principio era el Verbo...”, leemos en el Evangelio de San Juan. Lo que pensamos, queremos o sentimos lo expresamos en palabras, pero la filosofía, la poesía y la mística han comprobado la insuficiencia de las palabras para recoger y expresar cabalmente lo que la inteligencia, la imaginación y la sensibilidad conciben, crean y experimentan en los altos estados de reflexión, invención y contemplación, y una disciplina tan exigente como la lírica mística, se vale de los símbolos, que son palabras especializadas, para traducir, canalizar o sugerir lo que en estado de éxtasis sienten y experimentan los contemplativos. Y sin embargo no tenemos otro medio más eficaz que el lenguaje. Tenemos que explotar sus potencialidades comunicativas para dar a conocer lo que concita el talento creador del ser humano, lo mismo en profundas especulaciones filosóficas o teológicas que en extrañas revelaciones metafísicas o en insospechadas creaciones artísticas. Es cierto que la música y la pintura dicen y sugieren sin el lenguaje ordinario de la comunicación, pero no es sino con el lenguaje articulado en sonidos y sentidos como efectivamente podemos asumir e interpretar la significación de las cosas. En su teoría lingüística generativa, Noam Chomsky subrayó el carácter creador del hablante2 cuando asume la palabra para producir conceptos, proposiciones, sentimientos. Hablar es, para el lingüista norteamericano, lo mismo que crear, sabiendo que la palabra es el instrumento que nombra la cosa, sea esta ideal o real. Cuando habla, el hablante hace uso de la función poética del lenguaje, la más excelsa de sus funciones establecidas por Roman Jakobson3. La diferencia entre el poeta y el hablante ordinario, que también crea con la palabra al hacer uso del poder creativo del lenguaje, radica en que la del primero es una creación estética que va más allá de la realidad que nombra, debiéndose asignar, strictu sensu, el nombre de poeta para el hablante que hace una creación verdaderamente original, es decir, al que con su obra aporta un decir que supera la mera reproducción de lo real. Fue justamente un poeta hispanoamericano, el chileno Vicente Huidobro, quien descubrió que en la obra de los poetas hay unas expresiones o imágenes que no imitan o reproducen la realidad, aunque se inspiren en ella. En la creación de esas figuras o imágenes radica la capacidad poética por cuanto concentran el verdadero acto creador. Teóricamente esa capacidad de creación está al alcance de todos los hablantes, como lo está el lenguaje, pero realmente es un tributo de aquellos hablantes que han desarrollado el don de la creación, el aliento sagrado de las musas. Para los antiguos griegos, poiesis era el poder de creación mediante la palabra, razón por la cual el verdadero poeta es aquel que al escribir no imita la Naturaleza, sino que crea, como dijera Aristóteles en su Ars poética, a imitación de la Naturaleza. Se trata de la creación de un producto verbal que asume las leyes creadoras de la Naturaleza, pues como dijera Antonio Fernández Spencer, “el poeta es un intérprete intuitivo del mundo”4. Desde luego, ningún poema es ajeno a la realidad puesto que se nutre de ella. El poema se nutre de realidades, como toda creación, pero no para reproducirlas. El poema se nutre especialmente de la sustancia viva de las pasiones, los sueños y las desventuras, los dolores y los anhelos humanos y construye con esos motivos el artefacto verbal que encarna su propia sustancia creando la realidad estética. Por eso expresó Huidobro: “Sobre sus olas, bajo cielos sonámbulos,/ mis ensueños se alejan como barcos./ De pie en la popa siempre me veréis cantar./ Una rosa secreta se hincha en mi pecho/ y un ruiseñor ebrio aletea en mi dedo" ('El espejo de agua") . Factores de la creación poética 1.- La nostalgia. En el trasfondo de la creación poética subyace la nostalgia, aliento que se suma a las motivaciones que la motorizan. Etimológicamente, nostalgia es un dolor por lo que hemos perdido, por lo que tuvimos y añoramos. La sensación de vacío, de pérdida, de ausencia late en el subsuelo de la creación poética, y ese dolor por recuperar lo que perdimos, alienta y motiva el acto creador. La nostalgia, por tanto, no es sino una fuerza que estimula a recuperar lo que anhelamos volver a tener. Excepto en la lírica mística, el poema entraña una nostalgia de algo, y exceptuamos la mística porque a ésta la inspira la apelación de la vivencia contemplativa. Es una nostalgia lo que lleva a Jorge Luis Borges a expresar en “Tanka”: “Alta en la cumbre/todo el jardín es luna, /luna de oro. /Más precioso es el roce/ de tu boca en la sombra”. 2.- La búsqueda. La fuerza de la nostalgia, o la apelación del objeto amado en la mística, concita una búsqueda. En todo poema hay una búsqueda, incluido el poema místico. En esa búsqueda coinciden los poetas y los místicos, a quienes los une el canto creador. Se sabe que al místico lo mueve la búsqueda de lo divino. Probablemente la búsqueda del poeta conlleva un anhelo de hallar lo que intuimos como bueno y deseable, como bello y verdadero. Tal vez fue esa búsqueda la que movió a Salvatore Cuasimodo a decir: “Cada uno está solo en el mundo./ Atravesado el corazón/ por un rayo de luz./ Y de pronto anochece”. 3.- La apertura. Motivado por una apelación, que puede ser nostalgia o búsqueda, en el poeta se desata un sentimiento de apertura, de entrega, de ofrenda y consagración como un acto de piedad y altruismo. Se asocia con las cosas y las criaturas con las que se compenetra para compartir e identificarse con ellas. Es una empatía cósmica que se despierta en los humanos por un acto de ternura. Por eso choca tanto que esa actitud generosa y creativa de la figura del poeta se anide a veces en sujetos mezquinos capaces de actos perversos o innobles. Porque la poesía, como acto de creación, como producto de la sensibilidad y la intuición, es semilla de compenetración y empatía, de acción y milagro. Dice el poeta: “La noche acaba más tarde en las cañadas, al pie de los barrancos. Sus aguas eran aguas de sombra, debajo de la sombra del follaje. Corría secretamente. Sólo el rumor del agua publicaba secretamente su trayecto andariego. Y fue entonces cuando un soplo de vientos matinales movió la copa de los árboles, abrió paso a los rayos y el beso de la luz lo descubrió allá abajo como un fulgor de plata repentina. La belleza del espectáculo y la potencia de la luz... me trajeron a la memoria aquellos versos: 'Una luz puede menos en/ la sombra/ que tu amor en mi vida./ No lo apagues” (F.S. Ducoudray). 4.- Recuperación. Como gestación de una realidad estética, el poema entraña un acto de recuperación, que amaina la nostalgia, por cuanto entraña satisfacción de la búsqueda y cumplimiento a la apertura. En el místico no hay recuperación sino vivencia, plenitud de lo vivido en el acto puro de la contemplación. Y lo mismo en el poeta que en el místico el resultado de la creación, recuperado o no, produce la satisfacción de lo creado. Por eso dice Alfonsina Storni en uno de sus poemas memorables: “Y sé callar/ cuando la luna asciende,/enorme y roja,/sobre los barrancos”. 5.- Utopía. La nostalgia y la utopía son los dos polos en tensión del acto creador de la poiesis. De nuevo aludimos al místico para decir que si en su operación creadora no hay nostalgia, tampoco hay utopía, puesto que la mística sabe cuál es la motivación secreta y entrañable de su estado de contemplación. La utopía es la motivación subyacente que da cuenta del poeta ya que toda utopía entraña, como la creación misma, el lugar de la ilusión, de los sueños posibles, y ya los poetas han dicho que sueñan lo que no parece imposible, en ese espacio ficticio sin lugar y sin tiempo donde situamos lo que anhela el corazón, desde el fondo entrañable del yo profundo. Quizás esa situación lírica esté descrita con singular maestría en el poema “La niña”, de Octavio Paz: “Entre la tarde que se obstina/ y la noche que se acumula/ hay la mirada de una niña./ Deja el cuaderno y la escritura./ Todo su ser, dos ojos fijos./ En la pared la luz se anula./ ¿Mira su fin o su principio?/ Ella dirá que no ve nada./ Es transparente el infinito./ Nunca sabrá que lo miraba”. El hacedor del poema es una persona con sensibilidad estética y capacidad creativa. En la persona del poeta confluyen varias cualidades destinadas a percibir y expresar los rasgos peculiares de las cosas por lo cual destacan en la sensibilidad estética estos atributos: a) comprensión para captar el sentido de fenómenos y cosas; b) intelección para entender los efluvios intangibles de la realidad; c) capacidad sensitiva para sentir y expresar la sustancia del poema; d) verbalización para tener la potencia verbal de transmutar lo sensorial a lo imaginativo; e) formalización para darle sentido y belleza a la percepción múltiple y simultánea de las cosas. Por esos atributos de la sensibilidad creadora capta el poeta la voz del ser y el sentido de fenómenos, canalizando y supeditando al propósito esencial de la creación poética, que es siempre y bajo cualquier estética la creación de la belleza con la verdad de conciencia, lo que mueve su sensibilidad estética y su talante espiritual. La poesía es la creación de una realidad estética en la que se articulan vivencias y emociones en un lenguaje imaginario fundado con elementos de la Naturaleza y articulados eufóricamente para hacer sentir el encanto de la creación con emoción y belleza. En la creación poética aparecen, en consecuencia, estos rasgos distintivos: 1. Síntesis conceptual, sensorial y afectiva en forma armoniosa, sugerente y bella. 2. Plasmación del sentido esencial y profundo de la percepción intuitiva. 3. Creación de imágenes sensoriales con belleza y sentido poético. 4. Armonía sonora y expresiva en pro del encantamiento verbal. 5. Expresión de la belleza con sentido en términos conmovedores y elocuentes5. Leyes de la creación poética En la conformación del poema confluyen la estructura organizativa y los principios reguladores de la comunicación verbal. Al escribir el poema el poeta le da forma a la materia y en esa operación verbal dispone de cuanto hace posible el acto creador, y aunque no lo sepa conscientemente lo sabe por intuición a partir de la lectura de poesía. El poema constituye una visión verbal de la realidad y en tal sentido tiene una manera peculiar de expresarse. Como conocimiento intuitivo de la realidad, como producto estético del lenguaje, el poema obedece a las siguientes leyes de la creación poética: 1.- Pensar en imágenes. Mientras los hablantes ordinarios, al realizar un hecho del lenguaje, pensamos en conceptos, los poetas piensan en imágenes, es decir, traducen sus percepciones y emociones en imágenes sensoriales, que es la forma propia de la poesía. Al ver a una mujer con hermosos ojos negros, Emilio García Godoy, le dirá: “Y surgió la noche y se anidó en tus ojos”. Pensar en imágenes es una ley lírica y por tanto es propio de la poesía lírica, y ese procedimiento libera el poema del razonamiento6. Las imágenes tienen como finalidad hacer sensible el caudal de conceptos, sensaciones y emociones que concurren en el poeta. Cuando Antonio Fernández Spencer concibió la intuición de asignarle poder a la muerte, sugirió en imágenes preñadas de sensaciones nuevas, que la poesía se inventó, no para traducir conceptos como lo hacen los demás hechos del lenguaje, sino para expresar pensamientos en imágenes: “Algunas noches los muertos encienden estrellas, /y con sus manos el tiempo/ hace locas señales en la flor o en la espiga”. 2.- Crear una realidad estética. Aunque se trate de un poema inspirado en realidades objetivas, la sustancia del poema, por efecto del trabajo de la forma, ha de transmutar el dato real en objeto estético. La forma necesita de la materia para plasmarse, para concretarse en algo tangible. La forma modela la cosa, pero sin la materia no puede darle existencia a nada. El objeto real, material o ideal, ha de transmutarse, en virtud de la esencia poética, en objeto estético. La apariencia de lo real es estímulo para crear la forma, no para reproducirla. El “mar”, de Pedro Salinas o el “cementerio” de Paul Valéry no tienen una representación sensorial objetiva puesto que se trata de una creación estética, aunque esa creación se haya inspirado en una realidad específica. La realidad del poema es diferente y autónoma de la realidad de la cosa, aunque esta la haya inspirado. No importa si el mar o el cementerio, en los poemas implicados, tenía existencia real. Lo importante es apreciar la existencia en el poema, la realidad estética del lenguaje que le dio forma y consistencia. Para poderse manifestar, la forma se concretiza en una cosa u objeto. Empero la poesía no retrata la realidad ni reproduce el objeto que le sirve de pretexto creativo sino que éste o aquel objeto, ésta o aquella realidad, se convierte en realidad estética en virtud de la magia verbal en la poesía. La realidad verbal del poema goza de autonomía referencial, y ese principio es fundamental a la hora de hacer exégesis poética. Poiein en griego es crear, inventar, fabular con palabras una realidad que se sostiene verbalmente, líricamente, estéticamente. Por eso la poesía es también ficción. Cuando Francisco Matos Paoli siente que la sociedad le ha negado todo, cuando le parece que sufre el olvido o el desdén, se refugia en su propio castillo interior, subjetivo y metafísico, y allí experimenta una fuerza superior a la de la realidad real y acude al símbolo del espejo para aludir a la reproducción de los sentidos y evoca el canto de la alondra para significar su poder creativo y lo visualiza imantando el movimiento y transmutando lo sensorial en creación poética: “Que no me busquen en el penúltimo/ verdor de las horas./ Ya para mí la vida/degüella sus espejos trasnochados/ y no hay rumor posible en los eneros/ cuando la alondra imanta/ su propia sombra azul que no es azul”. (Canto de la Locura). 3.- Vincular el contenido a la Naturaleza. Lo que mueve al poeta a crear, el aliento emocional que lo sacude y estremece, lo asocia a elementos de la Naturaleza porque en la vida de la Naturaleza halla el ser humano la comprensión de cuanto acaece. La sustancia que nos conforma está en todo lo existente. Somos materia estelar, como creía Carl Sagan, y lo que creamos, material o espiritual, es un pequeño Cosmos hecho a imagen del mundo y a imagen y semejanza de nosotros mismos. Cuando Federico García Lorca dice en “Canción otoñal”: Hoy siento en el corazón/un vago temblor de estrellas,/pero mi senda se pierde/en el alma de la niebla./ La luz me troncha las alas/ y el dolor de mi tristeza/ va mojando los recuerdos/ en la fuente de la idea...”, está aludiendo a lo que mueve su sensibilidad y lo que siente lo vincula a la Naturaleza para hacer más sensible lo que siente. 4.- Asociar las percepciones de lo real. La percepción doble y simultánea de una misma cosa indica que el poeta abre su abanico sensible y todo su potencial receptor para nutrirse de sensaciones múltiples, físicas y metafísicas, ya que en la creación poética participan los sentidos exteriores y los sentidos interiores con las facultades intelectivas, imaginativas y sensitivas, por lo cual el poeta ha de relacionar asociativamente las diferentes percepciones de lo real. En la percepción múltiple de poema, milagro que permite captar al mismo tiempo lo tangible y lo intangible, confluyen lo natural y lo sobrenatural. Por eso la poesía, como creía Antonio Machado, se orienta hacia el misterio. El creador de “Soledades”, escribió: "Anoche cuando dormía/ soñé ¡bendita ilusión! que una colmena tenía/dentro de mí corazón;/ y las doradas abejas/iban fabricando en él,/ con las amarguras viejas,/ blanca cera y dulce miel". Se trata de la relación de una realidad supuesta (la colmena en el corazón) que va labrando, con la pasta de la desventura y el dolor, la miel que dulcifica la amargura existencial como una forma alegórica de interpretar la realidad de la vida humana. 5.- Testimoniar la voz de la persona lírica. La poesía revela la creación de la propia percepción del mundo. El poeta ha de plasmar el ritmo, la imagen y el tono con que externa la voz personal y la voz universal que da cuenta, en la expresión del poema, las vivencias y pasiones de la persona lírica. La creación de la persona lírica, producto de la voz personal, es inimitable por su condición auténtica y genuina. De nada sirve saquear frases y figuraciones ajenas. Podemos mejorar nuestro estilo, enriquecer nuestro lenguaje, ampliar nuestro horizonte con la visión de otros creadores, pero para expresar la voz propia están los acentos, los tonos, la percepción singular del fragmento de la realidad al que accedemos. La voz de Tulio Cordero, entre los interioristas dominicanos, apunta siempre a la búsqueda mística que lo apela con el gozo de saberse parte consustancial del Todo: "/Si acaso la rosa presumida preguntase/ invéntate una excusa. / Esta noche/ quiero ascender estos peldaños/ sin menester de lumbre". (“Esta noche”). 6.- Asignar un carácter simbólico. La creación poética no es una representación verbal de las cualidades sensibles de las cosas sino una creación que asigna un valor simbólico, traslaticio o metafísico de lo real. En toda obra poética hay una relación de semejanza con la realidad, de la cual infirió el creador la forma que tienen las cosas naturales. La obra literaria no reproduce hechos, objetos o fenómenos aunque se inspire en ellos y se nutra de la experiencia natural, social e histórica, como se aprecia en Walt Whitman: "Mirad el mar sin límites, /sobre el podio del mar parte el navío con todas las velas/ desplegadas, aún las de gavia. /La flámula ondea en lo alto, mientras navega/ majestuosamente -abajo, las olas rivalizan/ con el navío-, adelantándosele. /Lo rodean con movimiento brillantes espumas". (“El navío que parte”). 7.- Crear una realidad autónoma. Aunque la creación poética entraña una imitación de la forma de la Naturaleza, el producto poético es independiente de toda referencia objetiva, por lo cual la creación poética goza, como obra de ficción, de autonomía referencial en virtud de la realidad que ella inaugura con su forma y su sustancia. La mimesis aristotélica se refiere, no al reflejo de la realidad o la Naturaleza, sino a la creación, al modo de la Naturaleza por cuanto no es calco sino fruto de la capacidad de creación verbal, como lo revela “Interior” de Johanna Goede: “Cada vez/ que miro hacia dentro/ para contemplar el mundo: /Te encuentro”. 8.- Canalizar un torrente irracional. La naturaleza multívoca, asociativa y polisémica de la creación poética da lugar a múltiples sentidos y exégesis, por lo cual no hay en poesía un sentido único y una interpretación excluyente, sino significados plurales, abiertos y diversos aunque una sola haya sido la motivación que inspire el acto creador. La poesía es canal de un torrente irracional, simbólico y metafísico, mediante el cual el autor da rienda suelta a contenidos que el propio autor ignora. Este pasaje de Territorios extraños de José Acosta confirma lo que digo: "/Yo soy inocente de esa música/ de ese lirio roto sobre el aire/ de estos ojos cerrados para siempre./ Yo no soy el que navega en este espacio/ no soy el que crea en este instante/ esta forma horrenda del silencio". 9.- Organizar la estructura del poema. A diferencia de la poesía, que puede aparecer en verso o prosa, el poema obedece a una estructura dispuesta con las partes que la componen, según una organización determinada, en la que están presentes los siguientes aspectos: 1.-Situación (descripción). 2.-Evocación (rememoración). 3.-Confrontación (enfrentamiento dramático). 4.-Transformación (transmutación) 5.-Solución (salida al conflicto). En “Aquí te amo”, de Pablo Neruda, se aprecian los diferentes pasos en la organización del poema: Aquí te amo. 10.- Transformar la visión del mundo. El poema es el relato de un sueño, la síntesis de lo que acaricia el corazón como bueno y deseable. El poema postura una visión amable del mundo. El poeta escribe, no para cambiar la realidad, sino para modificar nuestra visión de la realidad y apreciemos las delicias de la vida, el lado bueno de las cosas. La poesía hace amable y positiva nuestra visión del mundo desde el reino de la fabulación, pues con su obra los poetas confirman que el ser humano anhela lo que no parece imposible. Con su visión espiritual y estética el poema formaliza el sueño humano. Entonces la poesía sirve para que tomemos conciencia de lo que es el mundo en su esplendor y belleza, de lo bueno y hermoso de la vida y sus criaturas y de la bondad de cuanto existe para gozo y deleite de los seres humanos. Por eso los poetas comparten con los místicos una misma actitud de valoración de la belleza y el misterio. En “Preludio Gris”, Alberto Peña Lebrón transmuta la soledad en espera: “Callad. La brisa nueva puede sentirse sola./Oigo pasos en la neblina: su tamaño no bastó a mi vacío./ Nada bastó; quién lavará su nombre de fresco aroma,./ de rocíos recién llegados a la ribera de los besos./ Atardecer, tú nunca sospechaste esta palabra: ausencia./ Cada día, ella regaba los ocasos con extraños sollozos./ Tal vez algunas cosas se sientan solitarias: gris nocturno,/la brisa nueva, más el corazón debe ungirse de olvido./ Cendal de gris espacio, sigue la misma ruta/despierta de su sombra desplegada...”.
Notas Cfr. Bousoño, Carlos, 1967, Teoría de la expresión poética, Madrid, Gredos. Chomsky, Noam, 1971, Aspectos de la teoría de la sintaxis, Madrid, Aguilar, pp. 9ss. De Saussure, Ferdinand, 1965, Curso de Lingüística General, Bs. As, Losada, 5ª. Ed., pp. 21ss. Fernández
Spencer, Antonio, 1990, “A cuarenta años de Nueva Poesía Dominicana” en La
Noticia, Santo Domingo, p. 11. Fernández Spencer, Antonio, 1960, A orillas del Filosofar, Santo Domingo, Arquero, p. 48. Jakobson, Roman, 1971, “Lingüística y poética” en El lenguaje y los problemas del conocimiento, Buenos Aires, Rodolfo Alonso Editor, pp.9-47.
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1 F.
De Saussure, 1965, Curso de Lingüística General, Bs. As, Losada, 5ª. Ed., pp.
21ss.
2
Noam Chomsky, 1971, Aspectos de la teoría de la sintaxis, Madrid, Aguilar, pp.
9ss.
3 Roman Jakobson, 1971, “Lingüística y poética”
en El lenguaje y los problemas del conocimiento, Buenos Aires, Rodolfo Alonso Editor, pp.9-47.
4
A. Fernández Spencer, 1960, A orillas del Filosofar, Santo Domingo, Arquero, p.
48.
5 Cfr. Carlos Bousoño, 1967, Teoría de la expresión poética, Madrid, Gredos.
6 Antonio Fernández Spencer, 1990, “A
cuarenta años de Nueva Poesía Dominicana” en La Noticia, Santo Domingo, p. 11.