Documentando el mito de la desaparición de los taínos1

Lynne Guitar

Directora Residente del Programa de Intercambio CIEE-PUCMM para estudiantes

norteamericanos con bases en el Español y los Estudios Caribeños.  Licenciada

en Historia y Antropología de la Universidad de Michigan State.  Maestría y Doctora en

Historia y Antropología de la Universidad de Vanderbilt.

 

La isla que Cristóbal Colón bautizó como Española, una isla compartida hoy entre la República Dominicana y la República de Haití, era el corazón de la cultura taína en los 1490s.  La cultura taína abarcaba gran parte de las Antillas Mayores.  Fue en la Española donde también nació el mito de la desaparición de los taínos.  La razón predominante para la creación de este mito fue la campaña de los frailes dominicos, dirigidos por Fray Bartolomé de las Casas, para eliminar el sistema de encomienda y sustituir un sistema de misiones, con el fin de mejorar la conversión de los indios y acabar con su disminución.  El mito de la desaparición de los taínos ayudó a la Corona Española a ocultar su inhabilidad para ejercer control absoluto sobre los indios.  Además, la desaparición de los taínos constituyó una razón fundamental para los colonos que se beneficiaban de la importación de esclavos africanos. Tras los siglos, el mito de la desaparición se transformó de muchas maneras para adaptarse a los intereses nacionales y de las clases sociales, lo que explica su tenacidad en el pensamiento dominicano hoy en día. 

La realidad es que, tras los años, se desarrolló una clase de pobres campesinos--pero con tierra--derivada de los grupos originales de taínos, africanos y europeos, que compartía su parentesco y su cultura.  Luchando para vivir de la tierra, usaba su repertorio, completo del conocimiento cultural, para sobrevivir de la mejor manera.  Naturalmente, confiaba mucho en su herencia taína, que representa muchas generaciones de conocimientos, tradiciones e historia oral de la tierra.  Además, incorporaba parte útil de la cultura africana y europea en esta raíz cultural que era fundamentalmente taína.

Después de cinco siglos aceptando la “extinción” de los taínos sin discutirla, algunos académicos han empezado a disputar la afirmación.  Hay pruebas históricas, etnográficas, étno-arqueológicas, lingüísticas y estudios del ADN, que muestran evidencias multidisciplinarias para la sobrevivencia de la cultura taína y de su sobrevivencia biológica.  Esta ponencia examina las nuevas evidencias y la situación paradójica de los taínos dominicanos hoy en día--paradójica porque la mayoría de dominicanos sigue negando su existencia.  La niegan porque hacer preguntas complejas sobre la etnicidad agravaría las áreas ya problemáticas de “raza” e identidad en esta nación; una nación con muchos retos en las áreas de su política y economía.  Es irónico, pero comprensible, el por qué los movimientos para la restauración de los taínos empezaron en Puerto Rico y los EE.UU. entre taínos de la diáspora, lugares donde hay beneficios socio-políticos y hasta económicos para los que son miembros de un grupo de minorías, y no en Cuba ni la República Dominicana, donde no hay este tipo de beneficio.  Con todas las nuevas evidencias, se puede ver que la restauración está por llegar a la isla que era el corazón de los taínos, la isla patria de los taínos.

 

Las conclusiones que presento, de la sobrevivencia de los taínos, son el producto de mis investigaciones de los últimos 20 años, más las investigaciones de cuatro colegas:  el Dr. Pedro Ferbel-Azcárate, un americano, especialista de la arqueología interdisciplinaria, quien hacía muchas investigaciones en la República Dominicana en los 1990s; Jorge Estévez, un taíno dominicano quien trabaja para el Museo Smithsonian del Indio en Nueva York--él ha estudiado la sobreviencia de los taínos desde su mudanza a los EE.UU. hace más de 20 años; el Dr. Fernando Luna Calderón, el arqueólogo y paleontólogo principal de la República Dominicana2; y el genetista nuclear de Puerto Rico, Dr. Juan Carlos Martínez Cruzado--sus investigaciones del ADN mitocondrial proveen la evidencia científica que respaldan las demás investigaciones y motiva al Dr. Luna Calderón a conducir sus investigaciones del ADN entre dominicanos.

Al principio asumimos que lo que habíamos leído en las crónicas, textos, revistas y museos sobre la desaparición de los taínos era la verdad.  Dimos cuenta de las representaciones románticas de los taínos en las historias y textos para las escuelas, sus representaciones usadas como decoraciones en edificios, vendiendo productos comerciales y presentadas de manera que sugieren que los taínos solamente pertenecían a un tiempo antes de la llegada de Colón.  Además, notamos que hay poca discusión sobre la historia o identidad y cultura en la República Dominicana, y que los métodos para la promoción de la herencia y la identidad dominicana se enfocan en celebrar un pasado hispánico y/o un pasado muy romántico de los taínos en la época precolombina.  Pero siempre tratan sobre los taínos como una gente desaparecida.

Cuando Pedro, Jorge y yo nos conocimos en los 1990s, empezamos, poco a poco, a compartir nuestras evidencias acerca de la sobrevivencia de los taínos.  Compartimos nuestros conocimientos de las diversas formas en que los dominicanos usan la cultura taína en su vida cotidiana, especialmente los del campo.  Descubrimos que muchos de los conceptos taínos están fijados en el punto de vista del dominicano, hoy en día, hasta entre los que viven en las ciudades y fuera del país.  Nos preguntamos, ¿cómo es que los dominicanos usan todos estos conceptos y cosas culturales de los indígenas, pero no hay casi nadie que se identifique como tal?  Buscando las respuestas a esta pregunta nos hemos unido en los últimos 10 años.  Las respuestas que hemos encontrado son complejas; pero es fácil verlas perpetuadas en la realidad globalizada de la República Dominicana moderna, donde se ven las costumbres tradicionales como atrasadas y donde las personas frecuentemente se sienten avergonzadas por exhibir la cultura tradicional, porque piensan que ella es representación de su pobreza o retraso.  Por cinco siglos, los componentes de la cultura tradicional del caribe hispánico han existido en oposición a las realidades económicas de la modernización.  De esta manera, el desarrollo hacia una economía del Oeste ha motivado un movimiento en una dirección contraria a la herencia cultural de los taínos.

A pesar de esta realidad, la verdad es, como sugiere el historiador Jalil Sued Badillo de Puerto Rico que:  “La gente caribeña está buscando ansiosamente exaltar algunos símbolos de identidad tanto como busca demostrar la falsedad de los mitos coloniales que han devaluado su valor como ser humano y el valor de sus tierras” (1992, p. 605). 

Mis socios y yo creemos que es importante, tanto para académicos como para el público en general, comprender la complejidad de las cuestiones de la identidad contemporánea, incluyendo el rol del racismo, nacionalismo y las políticas de etnicidad, y que debemos compartir los resultados de nuestras investigaciones con los que tienen como antepasados a los taínos.  Trabajando juntos, podemos ayudar a abrir la puerta para que todos los caribeños puedan comprender su verdadera historia, identificarse con todos sus antepasados, celebrar su cultura tradicional, proteger sus recursos naturales y culturales, y usar una perspectiva de información para buscar su vía más allá de las huellas de Colón.

Re-examinando las discusiones históricas y los documentos coloniales--los resultados de mis investigaciones:

La época de los primeros conquistadores del Caribe ha sido bien documentada.  Esto es así a causa del carácter de las exploraciones y sus patrocinadores europeos que mandaron una descripción legal de todos los territorios “descubiertos”.  Los relatos de Fray Ramón Pané, Bartolomé de Las Casas, Pedro Mártin de Anglería, Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdez, y Cristóbal Colón, entre otros, tanto como la plétora de cédulas y reportajes oficiales y los documentos testimoniales que circulaban entre España y sus colonias, representan una opulencia de informaciones sobre la tierra, la gente y los eventos del Caribe colonial; por eso no es una sorpresa que las pruebas textuales hayan dirigido las interpretaciones de los taínos en la literatura académica.  Aunque tenemos una superfluencia de recursos textuales, su interpretación es sumamente difícil.

Más allá de cuestiones de malas representaciones intencionales, malas representaciones sin malas intenciones e interpretaciones selectivas, los textos tienen predisposiciones culturales que oscurecen la distinción entre la verdad y la invención.  También hay predisposiciones complejas que surgen de los procesos de la transcripción y traducción, especialmente de los documentos arcaicos.  Al fin, hay que interpretar los textos españoles en su contexto social como una pequeña parte de un discurso complejo de la política colonial y no como descripciones objetivas.  Así, cuando se usan los textos como evidencia histórica, hay que evaluarlos cuidadosamente al lado de informaciones arqueológicas, lingüísticas, geográficas y cualesquiera otra evidencia que esté disponible para proveer coherencia y veracidad.  También, hay que hacer interpretaciones pensando en la posición social y política de los autores y traductores, así como de la audiencia para cada uno de los documentos.

Mi primera pista de que las historias sobre la época “del encuentro” en La Española tenían errores significativos se trata del maíz.  En todas las obras, historiadores muy distinguidos, a través de los siglos, repetían que el único tipo de pan que conocían los taínos era el casabe, elaborado de yuca.  Pero muchos de los documentos originales, tanto como las obras de los cronistas, explican bien claro que los taínos comían pan de yuca y pan de maíz.  Es un tema menor, pero la discrepancia me molestaba mucho y por eso jugué a ser detective y descubrí que el historiador quien, aparentemente, originó el error fue Antonio de Herrera y Tordesillas.  El Rey Felipe II le designó con el título de Cronista Principal de las Indias en 1596, y todos respetaban sus trabajos porque era el primer historiador con permiso para consultar los documentos que la corona mantenía guardados como secretos reales (hoy los mismos documentos son accesibles a todos los académicos en El Archivo General de Indias en Sevilla).  Aquellos documentos le sirvieron a Herrera como fundamento de su Historia general de los hechos de los castellanos en las islas y Tierra Firme del Océano.  Herrera escribió en ella que los taínos “no conocieron pan de maíz ni de trigo,” sólo casabe.  Otros historiadores hasta hoy día han respetado tanto a Herrera que han repetido lo que él escribió, a pesar de las pruebas contrarias en las crónicas y documentos, y a pesar de las investigaciones de arqueólogos que han mostrado que los taínos y sus antepasados de los valles del Río Orinoco sembraban cantidades de yuca y maíz. 

 

 

Nota en el dibujo de Oviedo, un dibujo que, por 500 años, los historiadores han identificado como mujeres taínas elaborando casabe, que no están elaborando casabe, sino pan de maíz, o quizás el cholo, un pan elaborado de las raíces de guaíyiga.

 

La tendencia que tienen los académicos hispánicos de confiar, sin disputar, en “la voz de las autoridades”, frecuentemente me ha puesto en su contra.  Admiro mucho la habilidad que tienen los historiadores dominicanos para recitar de memoria listas bien largas de los oficiales de la época colonial, las fechas de su servicio y otros detalles históricos--pero me parece que la mayoría no entiende que los que hicieron y escribieron la historia en el pasado, igual que hoy en día, eran seres humanos que podían equivocarse y que tenían agendas personales que influenciaban sus percepciones, así como lo que decidieron escribir en sus historias y documentos--o dejar fuera.  En los EE.UU., se fomenta en los estudiantes y en los académicos el analizar y disputar todo lo que leemos, no importa quien lo escribió.  Irónicamente, en mis investigaciones uso mucho los mismos textos para documentar la sobrevivencia de los taínos que otros historiadores han usado para documentar su desaparición--por ejemplo, los censos de que voy a hablar más tarde.

En comparación con la cantidad de los taínos en La Española, muy pocos españoles llegaron y los que llegaron eran, en su mayoría, varones.  Aunque ha habido mucha discusión acerca de la población original de los taínos, el consenso hoy día es que había unos millones en la isla en los 1490s--y la cantidad sube año tras año.  Los españoles, entonces, eran una minoría; pero, arrogante con el éxito de su Reconquista (la expulsión final de los moros de España en 1492), implantaban su propio orden social, económico y político en la isla, con el apoyo de sus aliados invisibles--muchos virus y bacterias en contra de las cuales los indios no tenían ninguna inmunidad.  El impacto de la colonización europea en los taínos los devastó.  Hizo una re-estructuración total de la trayectoria de su modo de vida, pero no los eliminó.

 

 

Confrontando nuevas plagas de enfermedades; sin la habilidad de mantener su calendario agrícola; entrando sin querer en un sistema de dominación social, económico y político; perdiendo sus derechos a la tierra, a la libre expresión y, en muchas instancias, a sus vidas, los taínos tenían que buscar vías radicales para sobrevivir.  Había muchas maneras diferentes de resistencia--aunque el suicidio, como mostró la familia DeBry en el dibujo, no formaba parte de la ideología indígena; me parece que era la única manera en que los españoles podían explicar las muertes en tanta cantidad.  Muchos taínos luchaban en contra de los invasores, pero los españoles tenían la ventaja de que habían llegado de un lugar con una larga historia de guerra, armas, espadas de acero, caballos, y perros feroces.  Muchos taínos huían a otras islas o se escondían en comunidades cimarronas, aisladas, lejos de los pueblos, ingenios y las minas de los españoles--muchas veces estaban acompañados por los esclavos africanos que también querían huir.  Otros taínos, desde el principio de la colonización española, vivían con o cerca de los españoles y sus esclavos africanos, empezando un proceso de transculturación del que nació la nueva cultura criolla.  Sabemos que muchas de las hembras entraban al sistema español por vía del matrimonio.  El historiador dominicano Frank Moya Pons nota que el Censo del Repartimiento del año 1514 verifica bien el matrimonio entre los españoles y las indias taínas--40% de los españoles en la isla, en aquel año, tenían una esposa taína.

 

Sin duda, muchas de aquellas taínas se casaron forzadas, pero otras se casaron voluntariamente con españoles y muchas tuvieron sus hijos mestizos.  (Los hijos tenían inmunidad contra las nuevas enfermedades que los europeos, los africanos y sus animales trajeron a la isla.)  Las esposas de los españoles se bautizaban, se llamaban por nombres cristianos, adoptaban el estilo de vestir de las castellanas, asistían a las iglesias católicas, vivían en casas al estilo español, aprendían a hablar castellano y a toda apariencia “se hacían españolas”.  Pero ésto era para la vista pública.  Dentro de sus casas, con el apoyo de la costumbre española de mantener privacidad dentro de la casa, sus vidas y las de sus hijos eran muy indígenas--una idea que promulgó una socia, la Dra. Kathleen Deagan, una arqueóloga americana.  Lo que comía la familia, cómo se guardaban y preparaban los comestibles, la crianza de los niños, los cuentos, la medicina y religión en casa, la importancia de las canciones, la música, el baile, y cómo se seleccionan los nombres… todo esto permanece muy indígena hasta hoy en día--por supuesto con influencias también de Europa y África.  A veces modalidades indígenas se escondieron dentro de las de España, como las de los indígenas que utilizaban la costumbre del compadrazgo dentro del sacramento del bautismo en toda Hispano-América como sustituto para sus propios sistemas de crear relaciones de parentesco, cambiando mucho la costumbre española en el proceso.  Los taínos, por ejemplo, tenían guatiáo, un sistema por medio del cual dos adultos podían hacer un intercambio de nombres y crear una relación interfamiliar, con los mismos derechos recíprocos que les da el parentesco por nacimiento.  En España, los padrinos mantienen la responsabilidad con el bebé del bautismo, cuando el bebé recibe el nombre de un santo y es introducido a la religión católica, pero en la República Dominicana la relación más fuerte del compadrazgo no es entre los padrinos y el bebé, sino entre los adultos, los padrinos y los padres del bebé, como el sistema indígena del guatiáo. 

 

En Santo Domingo, la capital y centro administrativo de los españoles, intentaban reproducir sus infraestructuras públicas y su cultura, igual que en España.  Pero Santo Domingo era una ciudad fronteriza.  Las infraestructuras, la cultura y sociedad que evolucionaron no reflejaron perfectamente el ideal europeo a causa de la geografía y el clima de la isla, su distancia de Iberia y la integración de las creencias y costumbres culturales de los taínos y los africanos.  En el campo, los españoles eran menos exitosos con la replicación de sus infraestructuras y cultura.

En todos los pueblos y yacimientos de la isla, en las regiones de las minas de oro, y en los ingenios azucareros, había cinco veces más cantidad de indios, africanos y mestizos o criollos que españoles--esta era la situación después de la época cuando, supuestamente, los indios desaparecieron y antes de la llegada de la mayoría de los esclavos africanos.  “Otros” es una palabra que se encuentra con frecuencia en los censos del siglo XVI.  Las palabras “mestizo” y “mulato” no aparecieron en los censos de las colonias hasta los 1580s.

Se ve que “la dominación española” de la isla era una ilusión, porque de hecho, los españoles controlaban muy poco del territorio.  Entre 1492 y 1510, fundaron dos ciudades: Santiago de los Caballeros y Santo Domingo de Guzmán, y menos de 20 pequeños pueblos y 12 fortalezas.  Esto dejó mucho territorio sin españoles, con la excepción de algunas pequeñas patrullas que pasaban de vez en cuando.  Su dominación era más difícil después de la segunda década del siglo XVI, cuando la población española, que nunca había sido muy grande, empezó a bajar.  A pesar de muchas prohibiciones de la corona real, los españoles salieron de La Española en cantidad, buscando oro, perlas, plata y más trabajadores indios en Puerto Rico, Cuba, las islas de las Antillas Menores, lo que hoy día es Panamá, Venezuela, y Colombia… y en México y Perú.

 

 

Los pocos españoles que se quedaron en La Española empezaron a juntarse en las regiones más cerca de la Capital, por donde las patrullas pasaban con más frecuencia, tenían más ventajas españolas y estaban mejor situados para aprovecharse de las flotas que llevaban sus mercancías a España--todas las cosas que para los españoles significaban una vida civilizada.  Mientras ellos se trasladaron hacia Santo Domingo, los enemigos de España empezaron a atacar y/o contratar con los que no se mudaron; después empezaron a establecerse, especialmente en la costa noroeste de la isla.  Los cimarrones también vivían en lugares fuera de Santo Domingo, en los periféricos de la isla.  Hablaré más adelante de los cimarrones, pero primero haré un sumario del sistema de la encomienda--la razón por la que huían.

 

 

El año 1510 es importante porque es el año en que los Frailes Dominicos seleccionaron al Fray Antonio Montesinos para dar un sermón en contra del sistema de encomienda.  Los Dominicos pensaron que era un sistema no-efectivo para la conversión de los indios; además, pensaron que los abusos que cometían los encomenderos contra los taínos era la razón principal de su disminución.  Los Frailes Dominicos querían eliminar la encomienda y re-localizar a los taínos en pueblos lejanos de los españoles, solamente con algunos frailes para enseñarles cómo vivir de una manera cristiana.  Los sermones de Montesinos convencieron al encomendero Bartolomé de las Casas de liberar a sus indios y a entrar a la orden de los Dominicos.  Pasó el resto de su larga vida defendiendo a los indios por sus acciones, sus debates y sus discusiones escritas pidiendo que el rey eliminara la encomienda y mandara, en su lugar, una serie de misiones.  Se propugnaba en contra de la injusticia de la encomienda.  Exageraba tanto los abusos y las explotaciones de los encomenderos como los muertos entre los taínos encomendados para lograr sus metas--todo esto era lo normal dentro de la retórica exitosa de su época.

Carta de Bartolomé de las Casas escrita en Puerta Plata el 20 de enero de 1531 al Consejo de Indias:

El remedio, Señores, desta isla é destas otras al derredor está mui claro, é se ha acá mui bien pensado, é todos conosen que es éste:  que se liberten los Indios, é se sacar de poder de los cristianos, porque padescen, como han padescido cruel tiranía; é esta es la questas islas han totalmente despoblado; é puestos en pueblos donde ellos quiesen estar, con que estén en alguna cantidad juntos, é vivan é descansen sin dar tributo ninguno; porque harto lo han sudado…. (Sáez, p. 212)

Miren como Las Casas, en su carta del 20 de enero de 1531, dice que la isla está totalmente despoblada de indios, pero ruega que los que quedan sean liberados por sus encomenderos.  Para nosotros, es una contradicción.  El hablaba retóricamente.  Pero otros académicos han usado partes selectivas de esta misma carta para corroborar la desaparición de los taínos.

Por fin, las palabras de Las Casas lograron convencer a la Corona Española de prohibir el sistema de encomienda por medio de Las Nuevas Leyes de 1542, pero los protestantes, enemigos de España, encontraron sus discusiones y las distribuían en todo el continente de Europa, propagando la Leyenda Negra contra los conquistadores.  Esta leyenda está tan fijada a la historia oficial de la conquista de las Américas que hasta españoles de hoy día creen que sus antepasados eran monstruos sin corazones humanos.

 

 

Casi todas las historias dicen que “los últimos taínos de La Española” fueron los que se rebelaron con el Cacique Enriquillo en 1519; Enriquillo y su gente se quedaron en rebelión por 15 años y ninguna de las muchas patrullas españolas pudo detenerlos.  Su éxito en contra de los españoles fue la inspiración para que muchos otros indios y africanos huyeran.  Es muy romántico el concepto que tiene la gente de Enriquillo como uno de los últimos taínos y eleva a Enriquillo a un estatus de superhéroe.  Quizás este romance es una de las razones por la que los dominicanos hoy en día tienen un orgullo irónico en el hecho de que, supuestamente, su isla es el único lugar en las Américas donde ni un indio sobrevivió la conquista.  Pero la evidencia factual niega el concepto romántico.

Hoy sabemos que aunque algunos taínos se murieron por razón de los abusos cometidos por sus encomenderos, otros por el hambre y las guerras esporádicas de los 1490s, y otros por las masacres cometidas por mandato del gobernador Nicolás de Ovando de1502 hasta 1505, la mayoría de los taínos se murieron a causa de enfermedades como el sarampión y la gripe (después del 1519 de las viruelas también), porque no tenían inmunidad en contra de estas enfermedades como los europeos, africanos y asiáticos.  Las plagas crearon un caos fuerte en el sistema agrícola de los taínos, al igual que el trabajo forzado y, por esto, el hambre aceleró la disminución de la población taína.  En las regiones tropicales, como La Española, entre 80 y 90% de los indios murió a causa de las plagas que, muchas veces, llegaron antes que los españoles, traídas por los mensajeros de noticias desde las áreas afectadas.

 

 

Una pérdida de 80 a 90% es una pérdida significativa y horrorífica.  Es tan horrorífica que oculta el hecho de que entre 10 a 20% de los taínos sobrevivían.  Obviamente, cuando los cronistas escribieron que “todos los indios” de La Española murieron, estaban siguiendo la retórica de Las Casas, quien exageraba la disminución de los taínos.  A la misma vez, otros españoles en la isla testificaron que había más y más indios cimarrones y que ellos mantenían la isla “en un estado de terror” tan fuerte que nadie quería salir de la Capital.  Los cronistas también repetían lo que estaba escrito en petición tras petición a la Corte Española por parte de los encomenderos de La Española, quienes exageraban al referirse a los muertos entre sus indios encomendados para ganar la simpatía y permiso real de importar más esclavos africanos--pensaron que los africanos eran “más fuertes” que los taínos, lo que aún creen muchos dominicanos, aunque la verdad es que no era su físico ni lo que comían lo que les daba más fuerza, sino su inmunidad.

MEMORIAL AL EMPERADOR CARLOS V DEL FRAY BERNARDINO DE MANZANEDO, FECHADO 1518 EN SANTO DOMINGO:

  “… porque como los indios es gente flaca y de pocas fuerzas, y sus mantenimientos son débiles, porque beben agua y comen casabe, que es poco mantenimiento, y el oficio de andar en las minas es trabajoso, piénsase que por esta causa han muerto y mueren muchos dellos” (Sáez, p. 212).

 

Los historiadores y demógrafos generalmente usan los censos de la época, como el censo que acompañó el Repartimiento de 1514 (la re-división de los indios encomendados), para confirmar lo que escribieron los cronistas--que los taínos casi no existieron por aquella fecha.  El censo contó solamente 26,189 taínos.  Se les olvida que este censo se enfocó en los indios con edad para trabajar y, lo más importante, que muchos taínos ya habían empezado a huir de los españoles hacía más de dos décadas--desde 1492. 

 

 

El gobernador Nicolás de Ovando escribió, como refleja un reportaje real del año 1503, que los taínos y los africanos huían juntos con frecuencia, usando el conocimiento del terreno que tenían los indios para sobrevivir y evadir las patrullas de los españoles.  Juan Mosquera, en uno de las docenas de testamentos que mencionan cimarrones, testificó a los Frailes Jerónimos, en 1517, que él mismo había observado a muchos indios huyendo hacia las montañas “para consumir arañas y raíces y lagartos” (parece que quería inferir que los indios necesitaban dirección de un español hasta para saber lo que es bueno para comer).  Jerónimo de Agüero testificó que “los indios nunca quieren ver a los españoles…y por eso van tanto a las montañas” (Rodríguez Demorizi, 1