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Documentando el mito de la
desaparición de los taínos1 Lynne Guitar Directora Residente del Programa de Intercambio
CIEE-PUCMM para estudiantes norteamericanos con bases en el Español y los Estudios
Caribeños. Licenciada en Historia y Antropología de la Universidad de
Michigan State. Maestría y
Doctora en Historia y Antropología de la Universidad de
Vanderbilt. La isla que Cristóbal Colón bautizó
como Española, una isla compartida hoy entre la República Dominicana y la
República de Haití, era el corazón de la cultura taína en los 1490s. La cultura taína abarcaba gran parte
de las Antillas Mayores. Fue en
la Española donde también nació el mito de la desaparición de los
taínos. La razón predominante
para la creación de este mito fue la campaña de los frailes dominicos,
dirigidos por Fray Bartolomé de las Casas, para eliminar el sistema de
encomienda y sustituir un sistema de misiones, con el fin de mejorar la
conversión de los indios y acabar con su disminución. El mito de la desaparición de los
taínos ayudó a la Corona Española a ocultar su inhabilidad para ejercer
control absoluto sobre los indios.
Además, la desaparición de los taínos constituyó una razón fundamental
para los colonos que se beneficiaban de la importación de esclavos africanos.
Tras los siglos, el mito de la desaparición se transformó de muchas maneras
para adaptarse a los intereses nacionales y de las clases sociales, lo que
explica su tenacidad en el pensamiento dominicano hoy en día. La realidad es que, tras los años, se
desarrolló una clase de pobres campesinos--pero con tierra--derivada de los
grupos originales de taínos, africanos y europeos, que compartía su
parentesco y su cultura. Luchando
para vivir de la tierra, usaba su repertorio, completo del conocimiento
cultural, para sobrevivir de la mejor manera. Naturalmente, confiaba mucho en su herencia taína, que
representa muchas generaciones de conocimientos, tradiciones e historia oral
de la tierra. Además,
incorporaba parte útil de la cultura africana y europea en esta raíz cultural
que era fundamentalmente taína. Después de cinco siglos aceptando la
“extinción” de los taínos sin discutirla, algunos académicos han empezado a
disputar la afirmación. Hay pruebas
históricas, etnográficas, étno-arqueológicas, lingüísticas y estudios del
ADN, que muestran evidencias multidisciplinarias para la sobrevivencia de la
cultura taína y de su sobrevivencia biológica. Esta ponencia examina las nuevas evidencias y la situación
paradójica de los taínos dominicanos hoy en día--paradójica porque la mayoría
de dominicanos sigue negando su existencia. La niegan porque hacer preguntas complejas sobre la
etnicidad agravaría las áreas ya problemáticas de “raza” e identidad en esta
nación; una nación con muchos retos en las áreas de su política y
economía. Es irónico, pero
comprensible, el por qué los movimientos para la restauración de los taínos
empezaron en Puerto Rico y los EE.UU. entre taínos de la diáspora, lugares
donde hay beneficios socio-políticos y hasta económicos para los que son
miembros de un grupo de minorías, y no en Cuba ni la República Dominicana,
donde no hay este tipo de beneficio.
Con todas las nuevas evidencias, se puede ver que la restauración está
por llegar a la isla que era el corazón de los taínos, la isla patria de los
taínos. Las conclusiones que presento, de la
sobrevivencia de los taínos, son el producto de mis investigaciones de los
últimos 20 años, más las investigaciones de cuatro colegas: el Dr. Pedro Ferbel-Azcárate, un
americano, especialista de la arqueología interdisciplinaria, quien hacía
muchas investigaciones en la República Dominicana en los 1990s; Jorge
Estévez, un taíno dominicano quien trabaja para el Museo Smithsonian del
Indio en Nueva York--él ha estudiado la sobreviencia de los taínos desde su
mudanza a los EE.UU. hace más de 20 años; el Dr. Fernando Luna Calderón, el
arqueólogo y paleontólogo principal de la República Dominicana2;
y el genetista nuclear de Puerto Rico, Dr. Juan Carlos Martínez Cruzado--sus
investigaciones del ADN mitocondrial proveen la evidencia científica que
respaldan las demás investigaciones y motiva al Dr. Luna Calderón a conducir
sus investigaciones del ADN entre dominicanos. Al principio asumimos que lo que
habíamos leído en las crónicas, textos, revistas y museos sobre la
desaparición de los taínos era la verdad. Dimos cuenta de las representaciones románticas de los
taínos en las historias y textos para las escuelas, sus representaciones
usadas como decoraciones en edificios, vendiendo productos comerciales y
presentadas de manera que sugieren que los taínos solamente pertenecían a un
tiempo antes de la llegada de Colón.
Además, notamos que hay poca discusión sobre la historia o identidad y
cultura en la República Dominicana, y que los métodos para la promoción de la
herencia y la identidad dominicana se enfocan en celebrar un pasado hispánico
y/o un pasado muy romántico de los taínos en la época precolombina. Pero siempre tratan sobre los taínos
como una gente desaparecida.
Cuando Pedro, Jorge y yo nos conocimos
en los 1990s, empezamos, poco a poco, a compartir nuestras evidencias acerca
de la sobrevivencia de los taínos.
Compartimos nuestros conocimientos de las diversas formas en que los
dominicanos usan la cultura taína en su vida cotidiana, especialmente los del
campo. Descubrimos que muchos de
los conceptos taínos están fijados en el punto de vista del dominicano, hoy
en día, hasta entre los que viven en las ciudades y fuera del país. Nos preguntamos, ¿cómo es que los
dominicanos usan todos estos conceptos y cosas culturales de los indígenas,
pero no hay casi nadie que se identifique como tal? Buscando las respuestas a esta pregunta nos hemos unido en
los últimos 10 años. Las
respuestas que hemos encontrado son complejas; pero es fácil verlas
perpetuadas en la realidad globalizada de la República Dominicana moderna,
donde se ven las costumbres tradicionales como atrasadas y donde las personas
frecuentemente se sienten avergonzadas por exhibir la cultura tradicional,
porque piensan que ella es representación de su pobreza o retraso. Por cinco siglos, los componentes de
la cultura tradicional del caribe hispánico han existido en oposición a las
realidades económicas de la modernización. De esta manera, el desarrollo hacia una economía del Oeste
ha motivado un movimiento en una dirección contraria a la herencia cultural
de los taínos. A pesar de esta realidad, la verdad
es, como sugiere el historiador Jalil Sued Badillo de Puerto Rico que: “La gente caribeña está buscando
ansiosamente exaltar algunos símbolos de identidad tanto como busca demostrar
la falsedad de los mitos coloniales que han devaluado su valor como ser
humano y el valor de sus tierras” (1992, p. 605). Mis socios y yo creemos que es
importante, tanto para académicos como para el público en general, comprender
la complejidad de las cuestiones de la identidad contemporánea, incluyendo el
rol del racismo, nacionalismo y las políticas de etnicidad, y que debemos
compartir los resultados de nuestras investigaciones con los que tienen como
antepasados a los taínos.
Trabajando juntos, podemos ayudar a abrir la puerta para que todos los
caribeños puedan comprender su verdadera historia, identificarse con todos
sus antepasados, celebrar su cultura tradicional, proteger sus recursos
naturales y culturales, y usar una perspectiva de información para buscar su
vía más allá de las huellas de Colón. Re-examinando las discusiones
históricas y los documentos coloniales--los resultados de mis investigaciones:
La época de los primeros
conquistadores del Caribe ha sido bien documentada. Esto es así a causa del carácter de las exploraciones y
sus patrocinadores europeos que mandaron una descripción legal de todos los territorios
“descubiertos”. Los relatos de
Fray Ramón Pané, Bartolomé de Las Casas, Pedro Mártin de Anglería, Gonzalo
Fernández de Oviedo y Valdez, y Cristóbal Colón, entre otros, tanto como la
plétora de cédulas y reportajes oficiales y los documentos testimoniales que
circulaban entre España y sus colonias, representan una opulencia de
informaciones sobre la tierra, la gente y los eventos del Caribe colonial;
por eso no es una sorpresa que las pruebas textuales hayan dirigido las
interpretaciones de los taínos en la literatura académica. Aunque tenemos una superfluencia de
recursos textuales, su interpretación es sumamente difícil. Más allá de cuestiones de malas
representaciones intencionales, malas representaciones sin malas intenciones
e interpretaciones selectivas, los textos tienen predisposiciones culturales
que oscurecen la distinción entre la verdad y la invención. También hay predisposiciones
complejas que surgen de los procesos de la transcripción y traducción,
especialmente de los documentos arcaicos. Al fin, hay que interpretar los textos españoles en su
contexto social como una pequeña parte de un discurso complejo de la política
colonial y no como descripciones objetivas. Así, cuando se usan los textos como evidencia histórica,
hay que evaluarlos cuidadosamente al lado de informaciones arqueológicas,
lingüísticas, geográficas y cualesquiera otra evidencia que esté disponible
para proveer coherencia y veracidad.
También, hay que hacer interpretaciones pensando en la posición social
y política de los autores y traductores, así como de la audiencia para cada
uno de los documentos. Mi primera pista de que las historias
sobre la época “del encuentro” en La Española tenían errores significativos
se trata del maíz. En todas las
obras, historiadores muy distinguidos, a través de los siglos, repetían que
el único tipo de pan que conocían los taínos era el casabe, elaborado de
yuca. Pero muchos de los
documentos originales, tanto como las obras de los cronistas, explican bien
claro que los taínos comían pan de yuca y pan de maíz. Es un tema menor, pero la
discrepancia me molestaba mucho y por eso jugué a ser detective y descubrí
que el historiador quien, aparentemente, originó el error fue Antonio de
Herrera y Tordesillas. El Rey
Felipe II le designó con el título de Cronista Principal de las Indias en
1596, y todos respetaban sus trabajos porque era el primer historiador con
permiso para consultar los documentos que la corona mantenía guardados como
secretos reales (hoy los mismos documentos son accesibles a todos los académicos
en El Archivo General de Indias en Sevilla). Aquellos documentos le sirvieron a Herrera como fundamento
de su Historia general de los hechos de los castellanos en las islas y
Tierra Firme del Océano. Herrera escribió en ella que los taínos “no conocieron pan
de maíz ni de trigo,” sólo casabe.
Otros historiadores hasta hoy día han respetado tanto a Herrera que
han repetido lo que él escribió, a pesar de las pruebas contrarias en las
crónicas y documentos, y a pesar de las investigaciones de arqueólogos que
han mostrado que los taínos y sus antepasados de los valles del Río Orinoco
sembraban cantidades de yuca y maíz.
Nota
en el dibujo de Oviedo, un dibujo que, por 500 años, los historiadores han
identificado como mujeres taínas elaborando casabe, que no están elaborando
casabe, sino pan de maíz, o quizás el cholo, un pan elaborado de las raíces
de guaíyiga.
La tendencia que tienen los académicos
hispánicos de confiar, sin disputar, en “la voz de las autoridades”,
frecuentemente me ha puesto en su contra. Admiro mucho la habilidad que tienen los historiadores
dominicanos para recitar de memoria listas bien largas de los oficiales de la
época colonial, las fechas de su servicio y otros detalles históricos--pero
me parece que la mayoría no entiende que los que hicieron y escribieron la
historia en el pasado, igual que hoy en día, eran seres humanos que podían
equivocarse y que tenían agendas personales que influenciaban sus
percepciones, así como lo que decidieron escribir en sus historias y documentos--o
dejar fuera. En los EE.UU., se
fomenta en los estudiantes y en los académicos el analizar y disputar todo lo
que leemos, no importa quien lo escribió. Irónicamente, en mis investigaciones uso mucho los mismos
textos para documentar la sobrevivencia de los taínos que otros historiadores
han usado para documentar su desaparición--por ejemplo, los censos de que voy
a hablar más tarde. En comparación con la cantidad de los
taínos en La Española, muy pocos españoles llegaron y los que llegaron eran,
en su mayoría, varones. Aunque
ha habido mucha discusión acerca de la población original de los taínos, el
consenso hoy día es que había unos millones en la isla en los 1490s--y la
cantidad sube año tras año. Los
españoles, entonces, eran una minoría; pero, arrogante con el éxito de su
Reconquista (la expulsión final de los moros de España en 1492), implantaban
su propio orden social, económico y político en la isla, con el apoyo de sus
aliados invisibles--muchos virus y bacterias en contra de las cuales los
indios no tenían ninguna inmunidad.
El impacto de la colonización europea en los taínos los devastó. Hizo una re-estructuración total de
la trayectoria de su modo de vida, pero no los eliminó. Confrontando nuevas plagas de
enfermedades; sin la habilidad de mantener su calendario agrícola; entrando
sin querer en un sistema de dominación social, económico y político;
perdiendo sus derechos a la tierra, a la libre expresión y, en muchas
instancias, a sus vidas, los taínos tenían que buscar vías radicales para
sobrevivir. Había muchas maneras
diferentes de resistencia--aunque el suicidio, como mostró la familia DeBry
en el dibujo, no formaba parte de la ideología indígena; me parece que era la
única manera en que los españoles podían explicar las muertes en tanta
cantidad. Muchos taínos luchaban
en contra de los invasores, pero los españoles tenían la ventaja de que
habían llegado de un lugar con una larga historia de guerra, armas, espadas
de acero, caballos, y perros feroces.
Muchos taínos huían a otras islas o se escondían en comunidades
cimarronas, aisladas, lejos de los pueblos, ingenios y las minas de los
españoles--muchas veces estaban acompañados por los esclavos africanos que
también querían huir. Otros
taínos, desde el principio de la colonización española, vivían con o cerca de
los españoles y sus esclavos africanos, empezando un proceso de
transculturación del que nació la nueva cultura criolla. Sabemos que muchas de las hembras
entraban al sistema español por vía del matrimonio. El historiador dominicano Frank Moya Pons nota que el
Censo del Repartimiento del año 1514 verifica bien el matrimonio entre los
españoles y las indias taínas--40% de los españoles en la isla, en aquel año,
tenían una esposa taína.
Sin duda, muchas de aquellas taínas se
casaron forzadas, pero otras se casaron voluntariamente con españoles y
muchas tuvieron sus hijos mestizos.
(Los hijos tenían inmunidad contra las nuevas enfermedades que los
europeos, los africanos y sus animales trajeron a la isla.) Las esposas de los españoles se
bautizaban, se llamaban por nombres cristianos, adoptaban el estilo de vestir
de las castellanas, asistían a las iglesias católicas, vivían en casas al
estilo español, aprendían a hablar castellano y a toda apariencia “se hacían
españolas”. Pero ésto era para
la vista pública. Dentro de sus
casas, con el apoyo de la costumbre española de mantener privacidad dentro de
la casa, sus vidas y las de sus hijos eran muy indígenas--una idea que
promulgó una socia, la Dra. Kathleen Deagan, una arqueóloga americana. Lo que comía la familia, cómo se
guardaban y preparaban los comestibles, la crianza de los niños, los cuentos,
la medicina y religión en casa, la importancia de las canciones, la música,
el baile, y cómo se seleccionan los nombres… todo esto permanece muy indígena
hasta hoy en día--por supuesto con influencias también de Europa y
África. A veces modalidades
indígenas se escondieron dentro de las de España, como las de los indígenas
que utilizaban la costumbre del compadrazgo dentro del sacramento del
bautismo en toda Hispano-América como sustituto para sus propios sistemas de
crear relaciones de parentesco, cambiando mucho la costumbre española en el
proceso. Los taínos, por
ejemplo, tenían guatiáo, un sistema por medio del cual dos
adultos podían hacer un intercambio de nombres y crear una relación
interfamiliar, con los mismos derechos recíprocos que les da el parentesco
por nacimiento. En España, los
padrinos mantienen la responsabilidad con el bebé del bautismo, cuando el
bebé recibe el nombre de un santo y es introducido a la religión católica,
pero en la República Dominicana la relación más fuerte del compadrazgo no es
entre los padrinos y el bebé, sino entre los adultos, los padrinos y los padres
del bebé, como el sistema indígena del guatiáo.
En Santo Domingo, la capital y centro
administrativo de los españoles, intentaban reproducir sus infraestructuras
públicas y su cultura, igual que en España. Pero Santo Domingo era una ciudad fronteriza. Las infraestructuras, la cultura y
sociedad que evolucionaron no reflejaron perfectamente el ideal europeo a
causa de la geografía y el clima de la isla, su distancia de Iberia y la
integración de las creencias y costumbres culturales de los taínos y los
africanos. En el campo, los
españoles eran menos exitosos con la replicación de sus infraestructuras y
cultura.
En todos los pueblos y yacimientos de
la isla, en las regiones de las minas de oro, y en los ingenios azucareros,
había cinco veces más cantidad de indios, africanos y mestizos o criollos que
españoles--esta era la situación después de la época cuando, supuestamente,
los indios desaparecieron y antes de la llegada de la mayoría de los esclavos
africanos. “Otros” es una
palabra que se encuentra con frecuencia en los censos del siglo XVI. Las palabras “mestizo” y “mulato” no
aparecieron en los censos de las colonias hasta los 1580s. Se ve que “la dominación española” de
la isla era una ilusión, porque de hecho, los españoles controlaban muy poco
del territorio. Entre 1492 y
1510, fundaron dos ciudades: Santiago de los Caballeros y Santo Domingo de
Guzmán, y menos de 20 pequeños pueblos y 12 fortalezas. Esto dejó mucho territorio sin
españoles, con la excepción de algunas pequeñas patrullas que pasaban de vez
en cuando. Su dominación era más
difícil después de la segunda década del siglo XVI, cuando la población
española, que nunca había sido muy grande, empezó a bajar. A pesar de muchas prohibiciones de la
corona real, los españoles salieron de La Española en cantidad, buscando oro,
perlas, plata y más trabajadores indios en Puerto Rico, Cuba, las islas de
las Antillas Menores, lo que hoy día es Panamá, Venezuela, y Colombia… y en
México y Perú.
Los pocos españoles que se quedaron en
La Española empezaron a juntarse en las regiones más cerca de la Capital, por
donde las patrullas pasaban con más frecuencia, tenían más ventajas españolas
y estaban mejor situados para aprovecharse de las flotas que llevaban sus
mercancías a España--todas las cosas que para los españoles significaban una
vida civilizada. Mientras ellos
se trasladaron hacia Santo Domingo, los enemigos de España empezaron a atacar
y/o contratar con los que no se mudaron; después empezaron a establecerse,
especialmente en la costa noroeste de la isla. Los cimarrones también vivían en lugares fuera de Santo
Domingo, en los periféricos de la isla.
Hablaré más adelante de los cimarrones, pero primero haré un sumario
del sistema de la encomienda--la razón por la que huían.
El año 1510 es importante porque es el
año en que los Frailes Dominicos seleccionaron al Fray Antonio Montesinos
para dar un sermón en contra del sistema de encomienda. Los Dominicos pensaron que era un
sistema no-efectivo para la conversión de los indios; además, pensaron que
los abusos que cometían los encomenderos contra los taínos era la razón
principal de su disminución. Los
Frailes Dominicos querían eliminar la encomienda y re-localizar a los taínos
en pueblos lejanos de los españoles, solamente con algunos frailes para
enseñarles cómo vivir de una manera cristiana. Los sermones de Montesinos convencieron al encomendero
Bartolomé de las Casas de liberar a sus indios y a entrar a la orden de los
Dominicos. Pasó el resto de su
larga vida defendiendo a los indios por sus acciones, sus debates y sus
discusiones escritas pidiendo que el rey eliminara la encomienda y mandara,
en su lugar, una serie de misiones.
Se propugnaba en contra de la injusticia de la encomienda. Exageraba tanto los abusos y las
explotaciones de los encomenderos como los muertos entre los taínos
encomendados para lograr sus metas--todo esto era lo normal dentro de la
retórica exitosa de su época. Carta de Bartolomé de las Casas escrita en Puerta
Plata el 20 de enero de 1531 al Consejo de Indias: El remedio, Señores, desta isla é destas otras al
derredor está mui claro, é se ha acá mui bien pensado, é todos conosen que es
éste: que se liberten los
Indios, é se sacar de poder de los cristianos, porque padescen, como han
padescido cruel tiranía; é esta es la questas islas han totalmente
despoblado; é puestos en pueblos donde ellos quiesen estar, con que estén en
alguna cantidad juntos, é vivan é descansen sin dar tributo ninguno; porque
harto lo han sudado…. (Sáez, p. 212) Miren como Las Casas, en su carta del
20 de enero de 1531, dice que la isla está totalmente despoblada de indios,
pero ruega que los que quedan sean liberados por sus encomenderos. Para nosotros, es una contradicción. El hablaba retóricamente. Pero otros académicos han usado
partes selectivas de esta misma carta para corroborar la desaparición de los
taínos. Por fin, las palabras de Las Casas
lograron convencer a la Corona Española de prohibir el sistema de encomienda
por medio de Las Nuevas Leyes de 1542, pero los protestantes, enemigos de
España, encontraron sus discusiones y las distribuían en todo el continente
de Europa, propagando la Leyenda Negra contra los conquistadores. Esta leyenda está tan fijada a la
historia oficial de la conquista de las Américas que hasta españoles de hoy
día creen que sus antepasados eran monstruos sin corazones humanos.
Casi todas las historias dicen que
“los últimos taínos de La Española” fueron los que se rebelaron con el
Cacique Enriquillo en 1519; Enriquillo y su gente se quedaron en rebelión por
15 años y ninguna de las muchas patrullas españolas pudo detenerlos. Su éxito en contra de los españoles
fue la inspiración para que muchos otros indios y africanos huyeran. Es muy romántico el concepto que
tiene la gente de Enriquillo como uno de los últimos taínos y eleva a
Enriquillo a un estatus de superhéroe.
Quizás este romance es una de las razones por la que los dominicanos
hoy en día tienen un orgullo irónico en el hecho de que, supuestamente, su
isla es el único lugar en las Américas donde ni un indio sobrevivió la
conquista. Pero la evidencia
factual niega el concepto romántico. Hoy sabemos que aunque algunos taínos
se murieron por razón de los abusos cometidos por sus encomenderos, otros por
el hambre y las guerras esporádicas de los 1490s, y otros por las masacres
cometidas por mandato del gobernador Nicolás de Ovando de1502 hasta 1505, la
mayoría de los taínos se murieron a causa de enfermedades como el sarampión y
la gripe (después del 1519 de las viruelas también), porque no tenían
inmunidad en contra de estas enfermedades como los europeos, africanos y
asiáticos. Las plagas crearon un
caos fuerte en el sistema agrícola de los taínos, al igual que el trabajo
forzado y, por esto, el hambre aceleró la disminución de la población
taína. En las regiones
tropicales, como La Española, entre 80 y 90% de los indios murió a causa de
las plagas que, muchas veces, llegaron antes que los españoles, traídas por
los mensajeros de noticias desde las áreas afectadas.
Una pérdida de 80 a 90% es una pérdida
significativa y horrorífica. Es
tan horrorífica que oculta el hecho de que entre 10 a 20% de los taínos
sobrevivían. Obviamente, cuando
los cronistas escribieron que “todos los indios” de La Española murieron,
estaban siguiendo la retórica de Las Casas, quien exageraba la disminución de
los taínos. A la misma vez,
otros españoles en la isla testificaron que había más y más indios cimarrones
y que ellos mantenían la isla “en un estado de terror” tan fuerte que nadie
quería salir de la Capital. Los
cronistas también repetían lo que estaba escrito en petición tras petición a
la Corte Española por parte de los encomenderos de La Española, quienes
exageraban al referirse a los muertos entre sus indios encomendados para
ganar la simpatía y permiso real de importar más esclavos africanos--pensaron
que los africanos eran “más fuertes” que los taínos, lo que aún creen muchos
dominicanos, aunque la verdad es que no era su físico ni lo que comían lo que
les daba más fuerza, sino su inmunidad. MEMORIAL AL EMPERADOR CARLOS V DEL FRAY BERNARDINO
DE MANZANEDO, FECHADO 1518 EN SANTO DOMINGO: “…
porque como los indios es gente flaca y de pocas fuerzas, y sus mantenimientos
son débiles, porque beben agua y comen casabe, que es poco mantenimiento, y
el oficio de andar en las minas es trabajoso, piénsase que por esta causa han
muerto y mueren muchos dellos” (Sáez,
p. 212). Los historiadores y demógrafos
generalmente usan los censos de la época, como el censo que acompañó el
Repartimiento de 1514 (la re-división de los indios encomendados), para
confirmar lo que escribieron los cronistas--que los taínos casi no existieron
por aquella fecha. El censo
contó solamente 26,189 taínos.
Se les olvida que este censo se enfocó en los indios con edad para
trabajar y, lo más importante, que muchos taínos ya habían empezado a huir de
los españoles hacía más de dos décadas--desde 1492.
El gobernador Nicolás de Ovando escribió, como refleja un reportaje real del año 1503, que los taínos y los africanos huían juntos con frecuencia, usando el conocimiento del terreno que tenían los indios para sobrevivir y evadir las patrullas de los españoles. Juan Mosquera, en uno de las docenas de testamentos que mencionan cimarrones, testificó a los Frailes Jerónimos, en 1517, que él mismo había observado a muchos indios huyendo hacia las montañas “para consumir arañas y raíces y lagartos” (parece que quería inferir que los indios necesitaban dirección de un español hasta para saber lo que es bueno para comer). Jerónimo de Agüero testificó que “los indios nunca quieren ver a los españoles…y por eso van tanto a las montañas” (Rodríguez Demorizi, 1 | ||||