Juan Pablo Duarte un ideólogo y patricio que viajó en el tiempo1

Petruzka Smester de Sánchez

Profesora Asociada (Pensionada) de la PUCMM.  Ha sido docente e investigadora del área de Historia Dominicana.  Fue Presidenta del  Ateneo Amantes de la Luz, Inc., fundadora y presidenta de la Mesa Panamericana de Santiago, R.D.                                                                         

El tema de nuestro trabajo se titula  “Juan Pablo Duarte un ideólogo y patricio que viajó en el tiempo”. 

Para entender la trayectoria de nuestro patricio, en espacio y viaje en el tiempo, es necesario adentrarse en el trasfondo intelectual de su época y también en las corrientes ideológicas pasadas y presentes de Europa y Norteamérica en este mundo globalizado.

Empezaremos explicando el contexto social y político de la época, en el pensamiento americano de entonces.

Es muy difícil para cualquier autor del siglo XIX ofrecer una teoría sobre las revoluciones independentistas en América y mucho más difícil asegurar los medios que se usaron para la toma del poder.

La revolución norteamericana en el siglo XVIII es el primer ejemplo de las revoluciones triunfantes, donde se señala el paso de la idea abstracta a la acción concreta, y donde se ofrece un modelo que sería ampliamente utilizado en América Latina.

El segundo aspecto es:  las ideologías políticas imperantes en el mundo europeo del siglo XIX.

El liberalismo, el nacionalismo y el socialismo utópico.  La primera o sea, el liberalismo, es la ideología típica del momento, especialmente en la primera mitad del siglo XIX.  Hijo de la revolución inglesa y de la ilustración, tiene dos formas, según Jesús Reyes Herolis en su “Liberalismo en México” habla de un liberalismo que puede ser ilustrado y democrático, el ilustrado que se basa en la tradición inglesa, de lo Locke y en la revolución de 1688.  Tomando algunos conceptos de Montesquieu, éste rechaza la idea de la soberanía unificada e ilimitada, no concede capacidad a todo el pueblo para elegir y ser elegido y para un amplio disfrute de las libertades individuales.  El democrático se funda en Rousseau, representante de las ideas de la nación libre e independiente, apoyando además, las ideas de soberanía del pueblo y de la ciudadanía.

Esta ideología apoyaba también las monarquías constitucionales en Europa y en América los regímenes republicanos.

El principal objetivo de la ideología democrática era salvaguardar los derechos individuales, el reclamo al respeto, a la autoridad para la libertad de las palabras, de impresión, de prensa y de asociación.  Si analizamos el aspecto de la filantropía, la influencia Roussiniana del contrato social, se demuestra en esta cita:  “La nación está obligada a conservar y proteger por medio de leyes justas, la libertad personal, civil, individual, así como la propiedad y los demás derechos legítimos de todos los individuos que lo componen."   También encontramos en el análisis de estas corrientes que para lograr su triunfo era necesario limitar la autoridad del gobernante y del Estado, por eso era imprescindible una constitución.  Si analizamos el esbozo de constitución de Duarte encontramos que bajo el título de gobierno se consigna que debe existir para el bien general de la sociedad, ser representativo, en cuanto al sistema republicano, y en cuanto a la división de poderes modificó la concepción tripartita de Montesquieu, agregándole un cuarto poder, el municipal, buscando un equilibrio de los poderes y el impedimento de un poder ejecutivo fuerte o una dictadura constitucional.  Con esta idea del poder municipal Duarte expresa:  “la admiración que sentía de los fueros y libertades de Cataluña”, al igual que los demás liberales, que sienten el rompimiento de la tradición del municipio por el absolutismo de los reyes de la casa de Austria y de Borbón.  Para Duarte el municipio es la crisálida de donde brotan las libertades públicas y donde se desarrolla la energía que acoraza todos los derechos individuales.

 

Duarte y el nacionalismo romántico

Junto con el liberalismo otra idea motora del siglo XIX, que tuvo gran influencia en nuestro patricio, fue el nacionalismo.  Los nacionalistas reclamaban el derecho a fundar estados que tuviesen identificados con el común del idioma, religión, pasado, costumbres, tradiciones y formas de sentir y pensar.

Los grupos de población que tenían estas características comunes eran los formadores de una nación.  Esta aspiración llevaba consigo una vida propia e independiente que sólo podía lograrse si cada nación podía elegir su propio gobierno, haciendo coincidir nación y Estado y reunir todos los hombres bajo estos lazos.  Por eso aceptaban la idea de Faustino Sarmiento “gobernar es educar” y la de Alberdi “gobernar es poblar”.

Si seguimos analizando el Ideario de Duarte esta corriente está presente en su juramento trinitario, donde expone el porqué de la separación de Haití de la nacionalidad pura y la definición de los símbolos patrios, como son:  el himno nacional, la bandera y el escudo.  Estos símbolos tienen tanto significado para la época que llevaban muchos hombres a morir por ellos y a convertirse en mártires de la patria.

Nuestro patricio, en sus versos y pensamientos, expresa una raíz profunda de un nacionalismo puro que da paso a la autodeterminación de los pueblos.

En Duarte el nacionalismo es parte de su liberalismo democrático.  Muchos autores llamaban liberales radicales o puros a quienes participaban de esa ideología.

Ejemplo es el himno de la restauración, escrito por Duarte en 1864, acompañado del joven poeta Rodríguez Objío.   Es un grito del nacionalista ex-patriado que a la manera de los poetas del destierro, de que ha sido tan pródiga la América hispánica, retoma a la patria para ofrendar su último servicio:  aun a costa de su vida, como dice el coro”. 

 

Por la cruz, por la patria y su gloria

Denodados al campo marchemos

Si nos niega el laurel, la victoria del martirio, la palma alcancemos.

Duarte como idealista romántico.  La fuerza de la tradición comienza de nuevo a ser sugestiva y la historia a revelar su valor, la belleza de la región vuelve a encender el sentimiento y el culto de lo divino.  Se exalta cuanto de sentimental y espontáneo hay en el espíritu humano, como son la clara reminiscencia de Espronceda y del Duque de Rivas.  Duarte es por excelencia el romántico de la libertad.  Se puede afirmar que después de padre de la patria, es su más grande título, el más próspero y el de más pleno de significación y de sustancia.  La época romántica de los pueblos en el período de la emancipación del individuo, del gran hombre que alcanzó la cima por su propio esfuerzo.  Ejemplos de lo que afirmo son:  Napoleón en el campo militar europeo y Simón Bolívar en el americano, Víctor Hugo y Bayron, en el ámbito de las letras, Delacroix en la pintura y Federico Chopin en la música y como paradigma liberal romántico y nacionalista es Giuseppi Manzini contemporáneo de Duarte, quien creía que el sueño del pueblo era la expresión de la propia nacionalidad.   Según Juan Isidro Jiménez, fue Manzini quien más influyó en el ideario Duartiano.  Otro aspecto que demuestra la influencia de esta corriente es el número que usó en la fundación de La Trinitaria, el nueve, cifra romántica, como los nueve templarios de la obra de Godofredo de Buillón “La Jerusalén liberada”, quienes permanecieron con él después de la partida de las cruzadas.

Nuestro patricio evoca este hecho con la estrofa sobre la amistad del trinitario Jacinto de la Concha, citamos:

Soy templario, me decía un día

Jacinto, un tiempo de la patria amada

En sacro fuego el corazón ardía y ozama el alma, se sentía abrazada

Tomás entonces con placer juró

Y en alto honor de su primera ofrenda

Como un templario merecer juró

En la sagrada nacional contienda

El término templario y cruzado es usado por Duarte cuando se refiere a los trinitarios, también el de la sociedad secreta es sacada de los numantinos, organización creada por Espronceda en 1823.

La mayor exaltación romántica de Duarte es el holocausto del ideal de patria, cuando escribe a su familia que ofrezcan todos sus bienes a la causa por la libertad de su pueblo.  Es en  esta época romántica donde el hombre se siente en una posición creativa frente a la sociedad.  Por eso es necesario ser un gran líder o un profeta.  Así nacen las autobiografías, las memorias, las confesiones, ya que el hombre de este momento tiene como meta la liberación de los pueblos oprimidos.

En su Ideario Duarte se expresa así sobre los 22 años de dominación haitiana:  Yo admiro al pueblo haitiano desde el momento en que recorrieron las páginas de la historia, lo encuentro luchando desesperadamente contra poderes excesivamente superiores y ver como lo vence y como sale de la triste condición de esclavo para constituirse como nación libre o independiente".

Continua nuestro patricio diciendo:  "si los españoles tienen una monarquía y Francia la suya y si hasta los haitianos han constituido la república haitiana, por qué han de estar los dominicanos sometidos a Francia, a España y a los mismos haitianos, no mil veces no, no más dominación! ¡Viva la República Dominicana!".

Por último, hablaremos de cómo influye en Duarte,  dentro de esta corriente, “el escapismo” llamado mal del siglo; se puede considerar como el credo del romanticismo, muchos se marcharon de la sociedad en busca de la naturaleza, paraíso perdido, es el ideal Roussiano de ponerse en contacto con el salvaje de noble corazón, cuyo encanto rústico era producto del rechazo hacia la sociedad hecha por el hombre.  La principal causa de este aislamiento era el temor de las enfermedades de la época, especialmente la tuberculosis, enfermedad que lleva a buscar una vida sencilla y pastoril, que atrajeron a líderes políticos, misioneros que emigraron a lugares exóticos.  Nuestro patricio, como buen romántico, después del destierro de Santana y  herido en lo más profundo de su alma, busca consuelo en la naturaleza y así se relaciona con los indios de la selva de río negro de Venezuela, durante 12 años.  La historia de nuestro patricio nos revela como es el siglo XIX, es el siglo de las naciones y del escasismo, tanto en Europa como en América.  La generosidad heroica es casi una locura que convierte los sentimientos en la misión absoluta de sacrificio.  Es aquí el enigma de Juan Pablo Duarte, que por dos veces acepta la salida del suelo patrio, la entrega de todo lo suyo, hasta morir en playas lejanas.

Para concluir este análisis de la ideología de nuestro patricio, haremos una comparación con dos románticos de su época:  si empezásemos con el pintor Eugenio de Delacroix en el París de 1830, nos encontramos con su obra pictórica La libertad guiando al pueblo, son los días gloriosos de la revolución de julio.  El lienzo en que destila la esencia de este momento es dominado por la intrépida figura de la libertad, mostrándose como el espíritu del pueblo francés que lo dirige al triunfo.  No es la tranquila diosa mediterránea, sino una reencarnación viril y enérgica del espíritu de 1789 y sus musculosos brazos tienen la fuerza suficiente para sostener con decisión un rifle con bayoneta y la bandera tricolor de la República que será tan usada en América y el Caribe. 

A pesar de mostrar sus senos desnudos no revela signo alguno de sensualidad.  Sus potentes piernas las llevan por encima de las barricadas al impulsar a sus seguidores a la línea de fuego.  A pesar de ser una alegoría, la figura estatuada por de Delacroix es como una personalidad viviente, sólo el gorro frígido que se encuentra en nuestro escudo y el perfil casi clásico y sereno ante el peligro indican su significado simbólico.

También aparecen estudiantes impetuosos como tantas veces hemos visto en nuestros pueblos, soldados con cicatrices.  Un muchacho reclutado en las calles de París, demasiado joven para comprender la importancia de los hechos.  La lucha de las clases sociales aparece representada en la figura del proletario y el personaje de levita y sombrero de copa corresponde a la burguesía, siendo esta última clase la que dominó la lucha y canaliza los beneficios obtenidos, especialmente en América.  Por ejemplo en nuestro país sólo tenían derechos de elegir y ser elegidos los ciudadanos como los hateros, los cortadores de madera, los tabaqueros y los comerciantes.  Algunos historiadores señalan que nuestra población para 1844, giraba alrededor de 150,000 habitantes y de ellos sólo en un 10 ó 15% se consideraba que residía la soberanía, el 85 ó 90% era analfabeto.  A los pies de la figura de la libertad están los heridos y moribundos mirando hacia ella, pues es su inspiración y razón de ser.  Delacroix como Duarte ha cedido a su sentimiento y no a la representación de la realidad y tanto la obra de este artista genial del pincel, correspondiente al estilo romántico, como la obra patriótica de nuestro patricio, infundieron a la realidad la carga de una eléctrica actitud emocional, siendo sus obras más elocuentes que cualquier página de un libro de historia.

Por último, si vemos el color rojo, blanco y azul de la bandera, símbolo del patriotismo, donde el blanco central significa la verdad y pureza, el azul que denota libertad, se hermana con las partes del cielo y el rojo establece el equilibrio cromático por la sangre de los caídos por los ideales de libertad. 

En cuanto Chopin, otro romántico igual que nuestro patricio, plasmó en la música todo su sentimiento nacionalista, cuando compone sus polonesas, donde expresa el sentimiento de la patria invadida y dividida, armonizando su riqueza melódica con su comunicativo sentimentalismo.

Estos tres hombres en campos diferentes coincidieron dentro de la ideología romántica liberal y nacionalista de su tiempo.

Para terminar queremos unir todas estas ideas que han podido llegar hasta el siglo XXI, especialmente uno de los fundamentos de la post-modernidad que, desde el punto de vista filosófico, es el pensamiento de la inmediatez, es decir, opuesto al funcionalismo, tomando las afirmaciones de lo vivido en cada momento, sin función de preparar otra cosa; quien más que Duarte entendió esta idea en el siglo XIX cuando logró, como decía Pattin Veloz:

El haber sido fundador de la República Dominicana.

Su lucha incansable contra el imperialismo y el colonialismo.

El haber sido apóstol del nacimiento de la democracia y de la justicia social.

El haber fundado el Ejército Nacional.

Y su fidelidad absoluta al ideal trinitario.

El papel de la historia, dentro de ella el de Duarte, puede ser comparado con el de Jano, el dios romano que tenía dos caras opuestas.  La historia nos permite enfocar y apreciar el pasado como pasado y, a su vez, visualizar el pasado y el presente como un prólogo al futuro. El pasado y el presente se unen para alertarnos sobre la necesidad de ocuparnos, no sólo en nuevas formas de planificación para los años por venir, pero en no menor grado en la necesidad de reevaluar nuestras metas sociales y sistemas de valores existentes.  La evolución histórica de la humanidad está abierta: lejos de ser inmutable, sus creencias, valores y metas están cambiando continuamente.  Aquí el registro histórico se vuelve invaluable, porque puede proporcionarnos lo que seguiremos requiriendo: una perspectiva tan precisa y exacta como sea posible, para poder hacer análisis realistas de problemas contemporáneos que son globales en su alcance y para tomar las clases de acción apropiadas para salvaguardar nuestra herencia planetaria y mejorar nuestra calidad de vida.  Pero, en general las grandes épocas han sido épocas inestables como fue la labor de Juan Pablo Duarte que duró desde 1838 hasta 1844 en tiempo, pero en espacio su obra ha viajado intacta hasta este tercer milenio. 

 

 



1 Conferencia dictada en la Provincia Valverde en ocasión de conmemorarse el mes de la patria.-