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Cardenal Lozano barragán llama a evangelizar para enfrentar sociedad violenta

Preparado por: Alejandro Esteban, encargado de prensa PUCMM-campus Santiago

Síntesis del Discurso Pronunciado por Su Eminencia Cardenal Javier Lozano Barragán en la septuagésima graduación del campus de Santiago de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra.

En su disertación Barragán abordó la importancia de una formación en el Evangelio como única y verdadera fuente de vida para contrarrestar el choque de las armas, la guerra, las guerrillas, el terrorismo, las protestas agresivas y la radicalización de los grupos sociales que matizan las sociedades violentas de la actual América Latina.

El Cardenal adujo que cuando se presentan estallidos que pretenden dividir nuestra América en “derechas” e “izquierdas” es innegable llegar al Evangelio para construir una nueva América y así evitar la radicalización.

Diversas Formas de conflicto y violencia

Lozano Barragán resaltó que suele decirse que la violencia en América Latina y en otras partes, oscila entre dos tendencias, una que se pudiera calificar como “tecno-racional” y la otra como la “utópico-revolucionaria”. La tecno-racional señaló el orador corresponde a los conflictos de gobierno, es decir, a los golpes de estados, procesos en los cuales grupos quieren suplantar a los cuadros gubernamentales establecidos, pero manteniendo ciertas estructuras, en definitiva sin hacer un cambio radical. Mientras que la utópico-revolucionaria es la propia de la revolución que conlleva un conflicto de sistemas que a decir de Barragán se diferencia de la anterior porque en ésta se produce una tabula rasa, una modificación total en el campo social, económico, político y cultural; la esencia es romper con la estructura precedente.

Centrándose más en la violencia, el Cardenal Lozano Barragán enfatiza que ésta se da tanto en el golpe de estado como en la revolución, mociones éstas, de gran presencia en la historia latinoamericana. Con relación a los procesos revolucionarios plantea lo siguiente: “Una menor representatividad y mayor radicalidad lleva a los grupos revolucionarios a la manipulación demagógica de las masas en especial mediante el populismo y el ejercicio de la represión violenta contra los que no concuerden con ellos; responden con la misma moneda, la represión violenta mutua se intensifica y se engendra la violencia generalizada”.

Además, Lozano Barragán entiende que en la revolución aparece como un factor muy importante y muchas veces decisivo para su triunfo o el de la contra revolución, en especial en América Latina, la participación de las superpotencias en uno u otro bando, ya que sea con dinero, con armas o también con instructores adecuados y con otra clase de presiones sociales, políticas y económicas; pues sus intereses están ligados con la permanencia del status quo o bien, con el triunfo de la revolución. Para el Cardenal Lozano esto produce las siguientes secuelas: terrorismo, guerrillas, secuestros, violencia de todo tipo, en fin una serie de fenómenos lamentables que son muy conocidos en toda Latinoamérica.

Con relación al punto medular que gesta la presente crisis en América Latina expresó: La raíz básica del conflicto latinoamericano, me parece que siguen siendo los 140 millones de marginados o más de pobres que quedan fuera del bien común nacional, principalmente en el campo económico y cultural.

2. Eje cultural de la violencia

Lozano Barragán opinó que para comprender mejor la realidad violenta en Latinoamérica lo primero es comprender el “eje cultural” en torno al cual gira y que más aun, la genera. Entiéndase eje como el valor que constituye el criterio de una cultura, por tanto funda la construcción del hombre, lo condiciona, lo moldea, en ese sentido, si el eje cultural es violento el hombre que se forma al amparo de ese eje será por consecuencia, violento. El eje pues es la raíz en torno a la cual se articula toda la cultura.

La violencia como pretendido ente cultural viene desde muy antiguo, es Caín y Abel en los albores de la humanidad. Ya Heráclito hablaba de la guerra como partera de la historia; es el “homo homini lupus” constante.

Desde el punto de vista de la teoría darviniana evolucionística, la violencia se explica, según Lozano Barragán del siguiente modo: “El mundo es de los fuertes que viven precisamente en cuanto que matan al débil. Consecuentemente, la vida no se concibe más según la idea cristiana de donación y el amor, sino como conquista fruto de la destrucción y el odio. Así se fundamentan las culturas de la muerte. La vida-odio evolucionística, se contrapone a la vida-amor cristianas”.

Dentro de ese orden “evolucionístico”, Lozano Barragán detalló que el hombre cifra su mayor esperanza en el reconocimiento que otro hombre puede darle, consecuentemente lucha hasta la muerte para lograrlo; está dispuesto a matar para conseguirlo. Entonces opta por dominar, y el hombre fuerte domina al débil para que lo reconozca y así lo hace su servidor, su esclavo.

Posteriormente se produce un circulo vicioso, una espiral de violencia, sustentada en el principio de que el esclavo se rebela (revolución) contra el amo, pero luego esclaviza al amo, éste al verse despojado procede a sublevarse para volver a subyugar al esclavo y se forma lo que Lozano Barragán califica de cadena interminable del eterno retorno de una violencia cíclica.

Parafraseando la teoría de Cassirer, el Cardenal Lozano Barragán adujo que en la actualidad nos encontramos pues frente a ejes culturales de violencia, que van a desembocar en lo que en la post modernidad con propiedad llamamos cultura de la muerte, fenómeno que está enquistado en la mayoría de las sociedades latinoamericanas, de ahí que los patrones delincuenciales se asemejen en las naciones que conforman en esa zona continental.

II. “Eje cultural” cristiano

Para poder contrarrestar este eje cultural, presente en las sociedades y que fomenta la cultura de muerte que perturba la vida de millones de latinoamericanos, Lozano Barragán propone el apego a un eje cultural cristiano, es decir, un cambio de catalizador que redundará necesariamente en un aminoramiento de la violencia.

Por ello responde a la siguiente interrogante: ¿Cuál deberá ser el auténtico eje cultural desde el cual continuar la evangelización en nuestra América y proyectarla hacia el futuro a pesar de la misma violencia? La clave a decir de Lozano Barragán estriba en hacernos partícipes del amor de Dios tal cual es en la medida que amamos a los hombres sin excluir a los enemigos, así hace amable al menesteroso y aun al adversario, he ahí esbozado una nueva criatura, un nuevo ser de la humanidad.

1. La vida como oposición

Lozano Barragán entiende que en la búsqueda de una solución a partir del Evangelio a un problema consistente como el de las llamas de la violencia que requiere de toda la atención no se puede refugiarse en una abstracta nebulosa, sino profundizar su análisis para posteriormente abrir perspectivas para trazar un auténtico eje cultural.

“La vida es conflicto, porque la vida es oposición. En efecto, para que realmente puedan existir varios seres en el mundo, éstos deben distinguirse, y para distinguirse es necesario que uno tenga determinadas características que el otro no tiene, y desde ellas oponerse; así, la distinción es la que permite que hablemos de los diversos seres vivientes, y podamos respetar su existencia individual en el nivel humano dentro de su propia personalidad, en una colectividad dada.”

La relación fundamental que genera violencia en los conglomerados humanos es sin duda siguiendo a Lozano Barragán, la de “posesión-privación”, es decir, alguien se distingue de otro porque se contraría con él al poseer algo que el otro no tiene y viceversa.

Al respecto plantea: “La oposición de contrariedad entre posesión y privación realizada en forma contradictoria, es violencia pura, que es absolutamente destrucción, muerte y aniquilación. Si se funda una cultura en esta oposición contradicción, entonces el eje cultural, si absurdamente se puede llamar así, es propiamente la esencia de la anticultura y es la fuente de la llamada cultura de la muerte; es el eje de destrucción en torno al cual gira con frecuencia el mundo actual”.

2. La receta: Dios, fuente de vida, como oposición

Ante este panorama desolador del eje cultural de violencia, gestor de la cultura de muerte, ¿Cuál es la receta? ¿Qué hacer? Lozano Barragán dice: “Es el eje vital de cualquier cultura que quiera sobrevivir. Es la fuente de la misma, es Dios mismo. Sólo a su imagen es posible construir una cultura de vida y no de la muerte”.

Emular la Santísima Trinidad, en esta forma, enarbola Lozano Barragán, la oposición amorosa une los opuestos en lugar de contradecirlos y esta unión amorosa del Padre y del Hijo, origina y es el Espíritu Santo, que une al Padre y al Hijo y a Sí mismo en la única naturaleza divina.

“Que la Santísima Trinidad sea el centro del cristianismo, es hablar en términos culturales de la imitación de la trinitaria como del único eje del que pueda surgir la autentica cultura de la vida y darse” a juicio del prelado católico “la única posible respuesta al conflicto y a la violencia”.

En cuanto se supere la violencia de la posesión y se crezca donándose y recibiéndose mutuamente en todos los niveles será, según Lozano Barragán, cuando podamos ponerle freno a los desmanes de la cultura de muerte que agobia a la humanidad.

En sus conclusiones finales, el Cardenal Lozano Barragán manifestó que pese a la desconfianza que se pudiese tener las estructuras actuales vitales, sociales, políticas, en una palabra culturales, aunque tienen muchos errores y generar muchos conflictos, no es menos cierto que también contienen valores que hoy heredamos y que deben abrirse al futuro ampliándose. Esto significa que el eje cultural cristiano sea criterio de discernimiento para la edificación de la sociedad.

Su eminencia reverendísima Javier Cardenal Lozano Barragán concluyó su descripción del devenir cultural de la violencia parafraseando la siguiente frase de Juan Pablo II: “La violencia no es cristiana ni evangélica”. De ahí que el prelado católico mexicano señale que el evangelio no sólo se inclina más por la no violencia, sino que excluye la violencia destructiva. Esto es muy cierto, pues la violencia comienza donde la inteligencia se agota. La radicalidad de la violencia sólo se resuelve con la radicalidad de la Redención.

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